¿Es posible una filosofía latinoamericana?
ENSAYO ARGUMENTATIVO
Por Bryan Isaac Rodríguez Bogantes
¿Es posible hablar de una filosofía
latinoamericana?
Latinoamérica, una bella región poblada
con las mejores gentes, paisajes y colores. Sin embargo, muchas veces tachada
como una zona subdesarrollada o del tercer mundo. Con una mezcla cultural,
rayando en la imitación al estilo “collage” de la cultura, tradiciones,
costumbres y demás de la super-potencia mundial de turno. ¿Podemos hablar
entonces de un pensamiento autóctono? Y surgen algunas cuestionantes: ¿nuestra
identidad? ¿cuál es nuestra realidad? ¿quiénes somos? ¿porqué estamos aquí?,
etcétera. Para cercarnos a una reflexión sobre el tema, debemos empezar por
establecer los conceptos que vamos a utilizar como marco para la profundización
sobre si es posible o no hablar de una filosofía latinoamericana.
La manera en que entendamos lo que es
filosofía, nos va a determinar la forma en que nos acerquemos a las diferentes
culturas del mundo. Para los que conciben la filosofía únicamente como un pensamiento sistemático, progresivo,
que establece ciertos presupuestos, va a defender que la única filosofía es la desarrollada
en el mundo europeo, cayendo en este monopolio de pensamiento, el cual ellos
mismos, han impuesto en la conquista de los diferentes lugares. Por tanto
podemos afirmar que el proceso de colonización no fue solo por violencia o
política, sino por conquista ideológica y de pensamiento, intentando erradicar
el pensamiento autóctono e imponiendo el paradigma de que el único pensamiento
verdadero es el europeo.
Sin embargo, volviendo a la esencia del
acto de filosofar, ese amor a la sabiduría como elemento fundamental para
vivir, como pensamiento universal y sin fronteras. Es ese saber sobre la
realidad, son las preguntas fundamentales de la existencia, es la expresión de
mi razón y no mis instintos para sobrevivir. Si tomamos esta segunda definición,
que nos lleva mas allá de la concepción europea de la filosofía, podemos decir
que se puede dar en cualquier contexto cultural, social, geográfico, temporal,
en que el ser humano sea capaz de preguntarse sobre su existencia, el mundo, el
ser, o elementos fundamentales de la realidad, y eventualmente intentar dar
respuesta a estas interrogantes.
Si aplicamos esto a los pueblos
originarios de Latinoamérica, vamos a encontrar que tenían una forma muy
concreta de entender el mundo, su cosmovisión, el hombre, la vida y la muerte,
dios; en fin, encontramos que poseían un pensamiento concreto que refleja el
modo de pensar, un pensamiento filosófico.
Este pasamiento latinoamericano lo vemos
reflejado a través de la cultura de la época, no tanto en un registro escrito,
aunque también se dio, sino expresado por medio de la comida, la arquitectura,
el ordenamiento social, los pictogramas, las costumbres, tradiciones, el modo
de vivir. Este conjunto de elementos vienen a darle una identidad fuerte a
estos pueblos originarios, que los ubican en un lugar geográfico determinado,
temporal, social, y político. Por las obvios dificultades que en el momento
existían a la hora de viajar grandes distancias, la geografía en la que se
desarrolle un pueblo, va a influir en su manera de pensar. Para los griegos,
por ejemplo, que se ubican en lugar sumamente rocoso, monótono, carente de
diversidad, en su pensamiento se verá
reflejado esto de alguna manera, un pensamiento sistemático, llano. Antagónicamente
va a suceder en Latinoamérica, donde hay diversidad en todos los rincones,
donde el ambiente geográfico es muy variado y diverso, influyendo en que su
pensamiento sea una mezcla de todos los elementos, con varias concepciones que
acepta varios orígenes.
La conquista de América Latina constituyó
una supresión cultural por parte de los conquistadores, se vio a los aborígenes
como salvajes, incultos, menos desarrollados, necesitados de una “verdadera
cultura” que les propiciara una religión, inmediatamente se etiquetó como erróneo
el pensamiento de estos pueblos, e inválidos los aciertos científicos. Inicia
una conquista que impone el pensamiento y la cultura europea, e intenta
suplantar todas las características latinoamericanas. Esto hace que se asuma
como único paradigma el pensamiento filosófica europeo. No estamos negando aquí
la validez, importancia, y peso de los autores y su desarrollo filosófico que
se originó en el Viejo Mundo.
Siglos después, podemos mirar en
retrospectiva y decir que esta imposición cultural que se dio en la época de la
conquista, no logró una suplantación al cien por ciento. Muchos elementos
fuertes originarios permanecieron en la cultura, o surgió una mezcla de ambos
mundos. Estos elementos que sobrevivieron en el inconsciente cultural, en la
forma de vivir, de comer, de pensar y concebir el mundo, son expresión clara de
una filosofía, originada en el Nuevo Mundo, Latinoamérica.
Pero si el pensamiento filosófico autóctono
sobrevivió a través de la cultura, ¿qué pasa cuando esta misma cultura se
diluye? Al inicio de este ensayo decíamos que Latinoamérica muchas veces es
caracterizada por intentar copiar otras culturas, ya sea por menosprecio a su
propia herencia, o por el fenómeno de la globalización que día a día toma más
fuerza.
El concepto de globalización se ha
desarrollado a lo largo de la historia de la humanidad como una especia de
imperialismo. Es hacer universal la mayor cantidad de cosas posibles. Es un proceso
complejo a través del cual tanto bienes de consumo, como medios de producción,
usos y costumbres, así como, políticas, ideologías, valores y creencias, se
vuelven comunes y traspasan fronteras en ámbitos cada vez mayores. Busca
estandarizar la mayor cantidad de elementos posibles. Instaura paradigmas que
producen dependencias o interdependencias. Esto cada vez es más evidente
gracias a los medios de comunicación.
Uno de los problemas mas graves de este
fenómeno, y probablemente el que más nos interese, es que la cultura se ha
vuelto un bien de consumo. Esto significa que se cede en las costumbres propias
a favor de costumbres ajenas, sobre todo por que se identifican estilos de vida
específicos con la idea de éxito, facilitando la adopción de nuevas practicas,
modas, comidas, arquitectura y construcciones, medios de transporte, medios de comunicación,
tecnologías, idiomas, entre otros. Por ejemplo, la gente ahora prefiere ir a
comer a McDonald’s que comer en sus casas picadillo de arracache con papa.
Todos estos elementos dan pie al
sincretismo, eclecticismo y collage
cultural, dándose una dura pérdida de la identidad cultural propia. Sumándose a
esto, que la mayoría de la población desconoce nuestras raíces, ignoran lo
importante de los elementos, por mas simples que sean, de nuestra cultura; e
incluso, algunos, considerándola inferior a otras culturas o formas de vida.
Esto evidencia un peligro inminente para
la filosofía latinoamericana, sobre todo para las nuevas generaciones que
muestran un interés mayor por adoptar nuevas subculturas, y para los cuales los
elementos autóctonos ya no les dicen nada, la cultura es cada vez mas
difuminada, mas hueca o vacía, o expresión de filosofías de otros lugares. Por
tanto, ya sea por ignorancia o por la fuerza de la globalización, estamos
perdiendo nuestra cultura, estamos perdiendo nuestra filosofía.
Bibliografía
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el 5 de setiembre a las 17 horas.
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mundialización y la cuestión nacional. Nueva Sociedad, Nº 149, pp 88 – 99.
Recuperado de http://biblioteca.ues.edu.sv/revistas/10701660N149-9.pdf
el 5 de setiembre a las 20 horas.
Boerlegui, C. (2010). Historia del
Pensamiento filosófico latinoamericano: una búsqueda incesante de la identidad.
Bilbao: Universidad de Dusto. Recuperado de https://filosofiaum.files.wordpress.com/2014/06/beorlegui.pdf
el 26 de setiembre a las 16 horas.
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