Nuestra América
En no pocas ocaciones, América Latina es presentada como una tierra poblada por ignorantes
aldeanos, carentes de conocimiento y educación, susceptibles ante opresores, e
inconscientes de una realidad cruel. Gente que aparentemente está dividida entre ellos; pueblos
conformados por diferentes razas, combinaciones, creencias, culturas,
procedencias, ascendencias, etc. Entonces, ¿a quién pertenece Latinoamérica?
En realidad somos un solo pueblo, y le
pertenece a ese único pueblo, compuesto
por distintos elementos. Por eso, es absolutamente esencial que el gobernante conozca a
estos elementos que componen su nación. El Gobierno debe nacer de su país, ser autóctono, no debe ser impuesto por países ajenos, ni haber llegado al poder por
alguna influencia de los mismos. El gobierno ha de estar compuesto por su
gente, que conoce a sus elementos, porque solo un gobierno así es capaz de resolver los problemas de su país, proponer el desarrollo, guiar en la
diversidad, y conducir hacia la paz y armonía. La libertad de un país –de su gente– inicia con su gobierno, con un
gabinete que conoce y/o aprende a conocer las diferentes realidades que marcan
sus tierras.
Pero son las nuevas generaciones, que
lideran el camino hacia una América que incluye a todos, que acoge la diversidad y el trabajo, una América empoderada por los hispanohablantes, que pasan
de ser los oprimidos a los valientes, que luchan por los menos beneficiados y
contra la tiranía, que buscan despojarse de lo que no es nuestro, y que al final del día, se unen en un solo pueblo, una sola
familia, nuestra América.
Bibliografía:

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